Cómo satinar la hoja de un cuchillo

Qué es el satinado

El satinado es uno de los varios acabados estéticos que podemos dejarle a la hoja de un cuchillo.

Este tipo de acabado consiste en dejar visibles las marcas de lijado sobre la superficie de la hoja.

Si se hace bien todas las marcas deben ser del mismo grosor y profundidad y estar alineadas en la misma dirección. De esta forma conseguimos un acabado mate limpio y uniforme.

Puedes encontrar más tipos de acabados en este artículo.

Qué tipos de satinados existen

Podemos hacer dos grandes divisiones dentro de los satinados.

La primera es si el satinado está hecho a mano o a máquina. Por lo general los satinados a máquina son el acabado que queda tras el vaciado del cuchillo con una lijadora de banda. Las marcas de la lija van perpendiculares a la hoja, desde el lomo hasta el filo.

Los satinados a mano son longitudinales a la hoja, desde el mango hasta la punta. Un acabado a mano, si se hace bien, es visualmente más limpio y más estético que uno mecanizado. Este tipo de acabado va a ser el que cubramos en este artículo.

La segunda es el grado de fineza del satinado. Según la fineza de última lija que se pase por la hoja el satinado tendrá un aspecto u otro.

Podemos tener satinados muy bastos, terminados con lijas gruesas, y satinados muy finos, casi pulidos.

Qué ventajas tiene

La primera ventaja de un satinado es la más obvia: la estética. Es un acabado muy agradable para hojas fabricadas en un solo tipo de acero. Es limpio, práctico y minimalista, sin grandes florituras.

La segunda ventaja es la facilidad de conservación de este acabado. A medida que se usa un cuchillo la superficie de metal se va llenando de rayas y arañazos. Tener un acabado rayado en la superficie ayuda bastante a disimular estas imperfecciones. Además, es un tipo de acabado que es fácil de volver a corregir en casa sin mucho esfuerzo: sólo es necesario tener lijas al agua para metales y dedicarle algo de tiempo a la tarea.

La tercera ventaja es que el alimento se pega menos a la hoja al cortarlo. Al tener la superficie cubierta de pequeños surcos es más fácil que entre el aire entre la hoja y el alimento cortado, facilitando que se separen. En un cuchillo muy pulido, con un acabado a espejo, la comida tiene una gran tendencia a quedarse pegada a la hoja a medida que la vamos cortando. En un cuchillo satinado (y mejor cuanto más basto sea el acabado) esto ocurre mucho menos.

Qué materiales necesitamos

Para satinar la hoja de un cuchillo necesitamos lijas al agua (para metales) de diferentes granos y una superficie donde sujetar firmemente el cuchillo.

Si lo deseamos, podemos usar un soporte para fijar las lijas durante el proceso. Un bloque de mano con sujeciones, un bloque de goma o un listón de madera son las opciones más populares.

Aunque las lijas sean la opción habitual cualquier abrasivo sirve para el trabajo. Se pueden usar otros materiales, como lana de acero o estropajos, para conseguir distintos resultados estéticos.

Cómo se hace

El proceso es sencillo pero laborioso. Una vez que tenemos el cuchillo sujeto con firmeza sobre una superficie podemos comenzar a trabajar.

Para ello utilizaremos lijas al agua de granos progresivamente más finos. Podemos usarla tanto en seco como lubricadas con un poco de agua.

Comenzaremos por la lija de grano más grueso. Si la hoja tiene muchas imperfecciones una buena opción es empezar por el grano 180 o incluso el 120. Cuanto más pequeño sea el número más grueso será el abrasaivo.

Cuando toda la superficie esté cubierta de rayaduras de forma uniforme podremos pasar al siguiente grano, y así sucesivamente.

Cómo saber cuándo hemos terminado de lijar

Si pasamos a un grano más fino antes de terminar de lijar por completo la hoja veremos que quedarán zonas con marcas de lijado más profundas que no podemos quitar. Por eso es importante que toda la hoja está completamente uniforme y terminada antes de pasar al siguiente grado de fineza.

Sin embargo, en ocasiones puede ser difícil distinguir cuándo está terminada la hoja o cuándo queda trabajo por hacer.

Un truco para verlo más fácil es ir alternando la dirección del lijado. Si empezamos lijando longitudinalmente con un grano, cuando pasemos al siguiente lijaremos la hoja en dirección transversal. Como si dibujáramos una cuadrícula sobre la hoja.

De este modo, cuando todas las líneas de la hoja que van en dirección longitudinal desaparezcan y sólo queden las transversales sabremos que hemos terminado.

Posteriormente al subir al siguiente grado de fineza cambiaremos el lijado transversal por otro longitudinal. E igual que antes, cuando todas las líneas transversales desaparezcan sabremos que hemos terminado con ese grano.

Por lo general cuanta más calidad tenga el acero que estamos lijando más fácil resultará el proceso. En aceros de calidades bajas, por el contrario, la tarea puede hacerse eterna.

Qué progresión de granos es la más adecuada

Una progresión típica puede ser 120, 180, 220, 400, 600, 800, 1.000, 1.200 y 2.000.

No es necesario usar todos estos granos de lija. Para ahorrar trabajo innecesario hay que comenzar con la lija más basta que nos permita hacer el trabajo. Es decir, que si un grano 400 es lo bastante basto como para hacer el trabajo no tenemos por qué bajar hasta un 120.

Dependiendo de lo fino que queramos dejar el acero podemos llegar hasta las lijas más finas o parar antes.

Al satinar a mano la hoja de un cuchillo con lijas al agua por encima del grano 1.000 la hoja quedará bastante pulida, pero no reflectante.

Cuál sería el siguiente paso

En caso de querer ir un poco más allá podemos pulir la hoja del cuchillo. Os lo explicamos con detalle en el siguiente artículo

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