Cómo pulir la hoja de un cuchillo

Qué es el pulido

El pulido es uno de los acabados estéticos que puede tener la hoja de un cuchillo. Una hoja pulida tiene la superficie brillante y espejada.

Puedes encontrar más tipos de acabados en este artículo.

Para qué sirve

La principal función del pulido es estética. Es un acabado muy vistoso, ya que la superficie es tal suave y uniforme que puede llegar a reflejar las imágenes como si fuera un espejo.

Qué material necesitamos

Podemos pulir un cuchillo o bien a mano o bien a máquina. Los pulidos a mano suelen dejar un acabado más fino y perfeccionado, pero los pulidos a máquina son rápidos, sencillos y baratos.

En ambos casos el principio es el mismo. Utilizamos una pasta abrasiva aplicada sobre un soporte y frotamos con ella el metal de la hoja.

El abrasivo puede ser cualquiera, siempre que sea de grano fino. Algunas opciones son el óxido de cromo III, óxido de aluminio, carburo de silicio o pastas de diamante.

Para pulidos a máquina se suele usar el abrasivo presentado en formato de barras de cera dura. Para los pulidos a mano se pueden usar en presentaciones en crema, pasta blanda, líquidos o en polvo.

Cómo se hace

Para pulir la hoja de un cuchillo debemos partir de un acabado satinado. Podéis ver cómo se hace en este artículo.

En los pulidos a máquina el esfuerzo mecánico lo realiza una muela circular en movimiento contra la que se frota la superficie del cuchillo.

En los pulidos a mano la pasta se aplica sobre un trapo y se frota a conciencia sobre la hoja. Es un proceso lento, laborioso, y que si se realiza bien deja un acabado estético impresionante.

Al satinar a mano la hoja de un cuchillo con lijas al agua por encima del grano 1.000 la hoja quedará bastante pulida, pero no reflectante.

Para pulir a máquina se usan discos de fieltro o de algodón sobre los que se aplica una pasta de pulido de grano grueso o medio. Estos discos pueden ir montados sobre una pulidora o sobre un taladro sujeto al banco de trabajo. Posteriormente se pasa poco a poco toda la hoja por el disco en movimiento. Cuando se ha conseguido un acabado uniforme se aplican pastas cada vez más finas al disco de pulido y se repite el proceso. Cuanto más fina sea la pasta con la que se termine más reflectante y espejado será el acabado.

El principal problema estético de hacer un pulido a máquina es que las aristas no queden bien definidas. Si una hoja brilla y refleja bien la luz, pero devuelve una imagen distorsionada el acabado no es el ideal.

El pulido ideal es aquel en el que las aristas y los biseles están bien definidos. Es posible conseguir esto a máquina, pero por lo general ese nivel de perfección se suele alcanzar al terminar la pieza a mano.

Un pulido a espejo es fácil de conseguir con discos y pastas, pero siempre hay un nivel superior en la técnica.

Para hacer un pulido a mano debemos partir de un buen satinado. Los pulidos a máquina son más tolerantes con los malos satinados, pero cuando trabajemos a mano es importante partir de una buena base.

El proceso va a ser similar al satinado a mano, pero aplicando pastas o cremas al acero con un trapo.

Esta forma de trabajar el acero nos permite incluso cubrir con cinta de carrocero los biseles que queramos evitar redondear. Al ir puliendo distintas partes de la hoja conservaremos un acabado más nítido y de bordes bien definidos.

Para ello deberemos simplemente sujetar con firmeza el cuchillo sobre una superficie de trabajo cómoda. Después frotaremos la pasta abrasiva sobre la superficie del cuchillo con mimo y con paciencia. Al igual que el satinado este es un trabajo lento y laborioso.

Para los que queráis trabajar a mano las pastas de diamante son una muy buena opción. Dejan un resultado excelente si se usan bien y la capacidad abrasiva que tiene este material acorta bastante el tiempo del proceso.

Una cosa a tener en cuenta

Un cuchillo con una hoja pulida presenta dos grandes inconvenientes.

El primero es estético. El pulido de la hoja se raya con facilidad con el uso cotidiano del cuchillo, aunque le demos el uso correcto.

Limpiar el cuchillo con un paño, cortar a través del alimento o guardarlo en su funda son acciones que van dejando pequeñas marcas sobre el acero. En otro tipo de acabados estas marcas se disimulan mejor, pero en una hoja pulida que brille como un espejo cualquier pequeño arañazo llama en seguida la atención.

Si las marcas son poco profundas se pueden quitar con un poco de pasta de pulir fina y un trozo de trapo.

Sin embargo, si son más profundas hará falta una pasta más abrasiva. Y si con eso no es suficiente habrá que repetir el proceso desde cero, empezando con lijas al agua.

Este tipo de acabado es muy agradable a la vista, pero es laborioso de mantener.

El segundo gran problema es que la superficie de una hoja pulida es muy poco resbaladiza para los alimentos. En hojas con otro tipo de acabados hay pequeños espacios (en forma de surcos, rayas, martilleado, etc.) entre el cuerpo de la hoja y el alimento. Esos huecos facilitan la entrada de aire y ayudan a que el alimento cortado se despegue de la hoja.

En un acabado pulido todas esas imperfecciones y huecos están eliminados. Para conseguir el acabado reflectante es necesario dejar la superficie lo más lisa y continua posible. Por eso los últimos pasos se hacen aplicando pastas extremadamente finas. Al no haber huecos por donde entre el aire lo que cortemos con el cuchillo tenderá a quedarse pegado a la hoja.

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