Cómo fregar un cuchillo

Puede que a más de uno os haga gracia este tema. Pero aunque parezca un tema obvio, fregar bien un cuchillo es más importante de lo que parece.

En sí el hecho de fregar bien un cuchillo es un tema de lo más simple. Pero hay que tener en cuenta unas cuantas cosas que a menudo pasamos por alto.

Cuando empezamos a darle más valor a nuestras herramientas en la cocina empezamos a querer cuidar dos cosas: la función y la estética.

En ambas cosas influye la manera que tengamos de fregar nuestros cuchillos.

Si usamos cuchillos baratos o si no nos preocupamos de cuidarlos entonces poco importa. Sin embargo, si tenemos un mínimo interés en cuidar el filo de nuestras herramientas, es importante tratarlos con un poco de mimo.

 

Lo más básico

Lo primero y más importante sobre fregar un cuchillo es hacerlo inmediatamente después de terminar de usarlo. Dejar un cuchillo con restos de suciedad, de humedad y de ácidos sobre la hoja no es una buena idea.

En caso de que no puedas fregarlo justo al terminar de cocinar al menos acláralo con agua y sécalo con un paño.

Después déjalo sobre un trapo en la encimera de la cocina. Ni se te ocurra echarlo al fregadero con el resto de los cacharros. De lo contrario lo único que conseguirás es que se golpee el filo contra el fregadero y contra la vajilla. Y eso no es una gran idea si te preocupa conservar el filo en buenas condiciones para el corte.

 

El detergente y el estropajo

Cualquier detergente para fregar los platos va a ser respetuoso con la madera y el metal del cuchillo. El estropajo, sin embargo, es otro asunto muy distinto.

La mayoría de estropajos tienen dos caras. Una suave y muy delicada y otra con un acabado áspero que arrancha muy bien la suciedad.

Es importante que el cuchillo lo freguemos siempre con la parte delicada, da igual lo sucio que esté.

Si con esa parte no conseguimos quitar toda la suciedad debemos insistir durante más tiempo. Podemos usar agua más caliente si es necesario, no le va a afectar al metal en absoluto.

Pero si usamos la parte abrasiva lo que conseguiremos será arañar la superficie de la hoja y dejarle marcas. En una hoja pulida a espejo o con un acabado de damasco esto es imperdonable.

En hojas satinadas la estética es mucho más tolerable con los pequeños arañazos cotidianos, pero también conviene evitarlos.

Para cualquiera que valore la apariencia estética de sus hojas este punto es muy importante. Todas las hojas se acaban rayando y marcando con el tiempo, pero no por ello debemos contribuir activamente al proceso.

No hace falta decir (pero por si acaso lo digo) que ni se os ocurra usar estropajos metálicos o cualquier otro tipo de esponja abrasiva. Si con la parte áspera de un estropajo quedan marcas en la hoja, lo que queda al usar uno de estos es mucho más profundo.

 

Desde dónde limpiamos el cuchillo

Cuando frotemos el cuchillo con el estropajo debemos limpiar la hoja desde el lomo. Apoyaremos el estropajo contra el lomo, lo doblaremos formando una “U” y frotaremos los laterales hacia adelante y hacia atrás.

De esta forma limpiaremos toda la hoja, incluido el filo, pero evitaremos que éste entre en contacto directo con el estropajo.

Al frotar la hoja desde el lomo la parte que acaricia el filo son ambos extremos sueltos, desde los laterales. Por tanto, no hay nada por delante que roce directamente contra el filo.

Si lo hiciéramos al contrario y el fondo de saco de esa “U” frotara contra el filo ocurrirían dos cosas:

La primera, que si el cuchillo está bien afilado cortaremos el estropajo.

La segunda, que el roce directo contra el filo lo desgasta rápidamente, sobre todo si lo frotamos con la parte áspera.

Si la hoja es más ancha que nuestro estropajo podemos limpiar el filo frotándola en perpendicular. Hay que tener cuidado en que el movimiento del estropajo sea de alejarse de la hoja y no al contrario.

 

Cómo secamos el cuchillo

Para evitar que la humedad quede sobre la hoja durante mucho tiempo no podemos dejarlo secar al aire.

Lo que haremos será secarlo con un paño, con la misma mecánica de antes.

No dejaremos que el filo toque el paño. Y lo moveremos siempre en dirección paralela al filo, o en su defecto, en dirección contraria a la de corte.

Una vez limpio y seco devolvemos el cuchillo a su soporte. Por supuesto, nada de meterlo en un cajón.

 

Qué es lo que no se debe hacer

Por desgracia, lo que normalmente suele hacer la mayoría de la gente.

  • Tirarlo al fregadero sin limpiar, entre el resto de cacharros.
  • Dejarlo con restos y fregarlo horas más tarde.
  • Frotarlo con la parte rugosa del estropajo.
  • Frotarle el estropajo contra el filo.
  • Dejarlo secar al aire.
  • Guardarlo en un cajón al terminar.

Si cumples alguno de los puntos anteriores deberías pensar en cambiar un poco tus costumbres. Si te preocupan tus cuchillos no hace falta un gran esfuerzo para darles el mimo que necesitan.

La diferencia entre maltratarlos o cuidarlos se mide en pocos minutos cada día.

 

Sobre los lavavajillas

Sobre los lavavajillas existe el mito de que son nocivos para los cuchillos porque el agua caliente destempla las hojas.

Salvo que vuestro lavavajillas caliente el agua a 200ºC esto no es un problema.

Sin embargo, los problemas que nos presenta este electrodoméstico son varios:

Por una parte los químicos de los limpiadores son agresivos tanto con la hoja como con el mango.

Por otra parte durante el lavado impactan contra la hoja chorros de agua a presión. Este es uno de los principales factores que influye en el desafilado de los cuchillos.

Además, las condiciones de alta humedad y temperatura pueden hacer que se resquebraje la madera de los mangos. El efecto para los aceros al carbono mejor ni mencionarlo.

Y por último, dentro del compartimento hay múltiples cosas contra las que se puede chocar el filo del cuchillo. Por ejemplo, las rejillas donde esté colocado, las aspas del lavavajillas, platos, vasos, tazas, otros cubiertos, etc. En esas condiciones puede perder el filo o mellarse con facilidad.

Al acero inoxidable no le va a pasar nada en un lavavajillas, pero el filo y la madera se resienten enormemente. Y es por eso por lo que los cuchillos, sean caros o baratos, hay que fregarlos a mano.

Salvo muy contadas excepciones, la mayoría de nosotros usamos como mucho 2-3 cuchillos al cabo del día. Fregarlos a mano con cuidado en el momento no supone apenas esfuerzo alguno.

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